VIDEOJUEGOS, NIÑOS Y VIOLENCIA

La Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics), en comandita con la Sociedad Canadiense de Pediatría (Canadian Society of Pediatrics), afirmaba en un estudio publicado a principios de 2014, que “niños y  jóvenes utilizan la tecnología entre cuatro y cinco veces más del tiempo aconsejado, lo que puede acarrear consecuencias nefastas”. Incluso establecía un cuadrante que determinaba el tiempo que sería adecuado que niños y jóvenes dedicaran a tecnología y videojuegos, dependiendo de su edad de desarrollo.

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Dicho estudio no sólo conciliaba variables relacionadas con la edad o el tiempo dedicado, sino que, sobre todo, basaba sus recomendaciones en el tipo de contenido al que los niños deberían tener acceso. Cuanto más violento menos recomendable se consideraba.

Esto no es nuevo. Especialmente polémicas resultaron las declaraciones de Glenn Beck, conocido periodista de la CNN, en las que afirmaba que GTA IV era “un entrenador de asesinos con el que estamos enseñando a nuestros niños a ser asesinos. En el juego que ahora miles de niños disfrutan, se puede contratar a una prostituta, ver desde bastante cerca cómo ofrece sus servicios, matarla con un bate de béisbol al acabar y robarle todo el dinero que llevaba. Cuando llega la policía, se puede robar un coche para desaparecer de la zona o enfrentarse a las fuerzas del estado armado con todo tipo de objetos, hasta una motosierra. ¿Es esto entretenimiento?”

Si bien la habitual y condescendiente moralina buenista -tan propia del pensamiento WASP– podría resultar exagerada, también hay estudios europeos en un sentido similar. En 2016 las Universidades de Milán y Génova firmaron una publicación que defendía que algunos videojuegos “como GTA, reducen la empatía de los jóvenes hacia las mujeres agredidas”. El estudio pretendía dar soporte empírico a su teorizado presentando un conjunto de entrevistas a más de ciento cincuenta personas de edades comprendidas entre los quince y los veinte años. Los entrevistados fueron divididos en tres grupos: unos jugaron a Grand Theft Auto, otros con Half Life y un tercer grupo jugó a Dream Pinball 3D. Posteriormente, los responsables del estudio enseñaron una foto de una chica brutalmente golpeada a cada grupo, y pidieron a los participantes que indicasen qué sentían hacia la muchacha. Pues bien, quienes menos empatía dijeron sentir fueron aquellos chicos que jugaron a GTA. ¿Casualidad? El estudio concluye afirmando que los jugadores se identifican con el personaje del videojuego. Controlas lo que hace. Eso tiene un efecto real en tus pensamientos, sentimientos, comportamientos, a menos a corto plazo”.

No sería difícil encontrar varios ejemplos de estudios  en el mismo sentido, muchos de ellos francamente peregrinos, todo sea dicho. Si a eso le añadimos unas gotas de sensacionalismo antenatresiano, y ese puntito de mezquina satisfacción que parece producir el hecho de criticar algo que está de moda, tenemos el titular preparado: Los videojuegos generan violencia.

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Vale, vamos a dejar al margen el amarillismo, tan propio de la prensa veraniega y tan agradecido a la hora de buscar titulares. Sin exageraciones, ¿Qué influencia pueden tener los contenidos violentos -relacionados con videojuegos o no- en niños y jóvenes?

El enorme realismo que están alcanzando los gráficos hoy en día, agrava el problema en gran medida. Las representaciones digitales de nuestros “enemigos” en el juego cada vez son más verosímiles, y por mucho que sigamos básicamente en mecánicas de disparo no necesariamente realistas, no es lo mismo disparar al casi simpático amasijo de píxeles del Wolfenstein de 1981, que arremeter contra los detallados modelos poligonales de 2014. El fondo del asunto, la idea si queremos, es la misma: Matar a los que nos han presentado como malos; pero el nivel de realismo y, por tanto, de acercamiento a la vida real, no tiene absolutamente nada que ver.

Por dejarlo claro desde el principio, soy padre de dos niñas -en el momento de escribir este artículo cuentan con 12 y seis años- y les prohíbo de forma taxativa acceder a cualquier tipo de contenido violento en general y al relacionado con videojuegos en particular. Y lo contrario me parece una aberración. Lo digo por si algún representante de una versión digital de la Agrupación de amigos del Rifle quiere dejar de leer a partir de aquí. No creo que jugar a videojuegos violentos sea bueno para los niños. En cuanto afirmas algo así, es fácil que una legión de cuñados y correveidiles desarrollen los más sorprendentes (y estúpidos) argumentos afirmando que “también en Mario matas setas” o perlas similares. Sinceramente, me niego a tener que dedicar una línea a explicar la diferencia entre Super Mario y Call Of Duty, pero me parece como comparar un tartazo entre payasos con una pelea a muerte clandestina.

Supongo que tampoco es necesario gastar ni mi tiempo ni el vuestro en explicar porque no es bueno exponer a los menores a contenido violento. Parece que lo tenemos claro con el cine. No veo a muchos niños en las colas del cine cuando la película está calificada para “mayores de 18 años”, entonces, ¿por qué sí vemos a miles de niños jugando a juegos que tienen exactamente la misma calificación?¿Porque es un juego y no realidad? Tengo dos cosas que contestar a quienes defiendan semejante patochada:

  1. Tíos, las películas tampoco son realidad
  2. Ya puestos, en una película ves cómo matan, en un videojuego violento matas tú. En una película puedes estar incluso en contra de lo que ves; en un videojuego de este tipo, matar es tu misión.

Pero, ¿por qué dejamos a nuestros hijos jugar a este tipo de títulos? Es imposible encontrar ningún argumento racional de carácter educativo, al menos fuera del ámbito del fundamentalismo de cualquier tipo (aunque, habiendo hablado de “argumento racional” esto ya estaba descartado). Normalmente, solemos encontrar dos tipos de justificaciones:

  • “Es un juego”, ya, está claro que no matamos a nadie de verdad, pero ¿realmente pensamos que una mente que cree en los Reyes Magos tiene que ser capaz de establecer esas diferencias entre realidad y ficción? Y, repito, este tema se complica con el realismo gráfico actual. No jodamos. ¿No creéis que es peligroso presentar la violencia como algo lúdico? Sobre todo en algunos juegos, como los execrables Call Of Duty Modern Warfare, que presentan conflictos verosímiles en localizaciones reales. ¿Es bueno que nuestros hijos piensen que hay “países malos”?

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  • “Es que es a lo que juegan sus amigos”. Sus amigos juegan a lo mismo, porque sus padres están siendo igual de irresponsables. Además, educar consiste en gran medida en poner límites. La cantidad de veces que les vais a decir a vuestros hijos “y si tus amigos se tiran por una ventana, ¿tú también?”, pero con esto no… Entre otra cosa, porque no lo hacemos por ellos, sino por nosotros, porque nos dejen tranquilos, porque hagan algo que nos gusta para poder decir que “jugamos con ellos”

Tampoco creo que la industria del videojuego se deba ir de rositas. Los principales culpables son los padres, pero no los únicos. Por un lado, la oferta de juegos apropiados para niños se ha reducido enormemente. Nadie de mi generación ha jugado a este tipo de mierdas siendo niño, nos hemos criado con Sega y Nintendo y, bueno, no hemos salido tan mal…, y nos siguen gustando los videojuegos. Había alternativas. También hoy las hay, sólo hay que acudir al catálogo de una compañía como Nintendo. Mis hijas juegan a Minecraft, a Mario Kart, al prodigioso Undertale etc. Pero es cierto que la oferta es escasa y, muchas veces, de poca calidad. Supongo que si las desarrolladoras no se limitaran a hacer shooters bélicos y hubiera más variedad en la oferta, muchos niños encontrarían su hueco.

Pero también las tiendas tienen su culpa. Menores comprando impunemente material no apropiado para su edad, padres comprando GTA V para sus hijos…, ¿y qué hacen los supuestos profesionales? Tengo tan claro que, si un crío intentara comprar una película X o, qué demonios, el libro ese de las Sombras de Grey, aparecería un dependiente/a escandalizado… Pero con esto no pasa nada. No deja de parecerme curioso, en contraste, lo restrictivos que somos con el sexo. ¿alguien imagina a un padre viendo porno con su hijo de 10 años? ¿Alguien imagina a un padre jugando a videojuegos porno con su hijo? ¿Por qué no? Sinceramente, follar es bastante menos peligroso que disparar, y dudo que sea menos divertido.

La gran putada de todo esto, es que es complicado hablar de un tema así sin quedar como el pesado de turno. Sé que suena a discurso buenista y tal. Tengo claro que va a caer todo en saco roto, pero me quedo tranquilo sólo dejando caer esta pregunta: ¿Qué puede aportar de positivo a un niño jugar a videojuegos violentos?

Texto: Guilletek @guilletek
Fotografías y vídeos propiedad de sus respectivos autores.

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