ANÁLISIS: VIRGINIA

Fecha de estreno:  22 de septiembre de 2016
Desarrolladora: Variable State
Distribuidora:  505 Games
Género: Aventura Gráfica
Plataformas disponibles: PS4,  Xbox One,  Mac, PC
Plataforma analizada: PC

Es habitual comenzar el análisis de cualquiera de este tipo de títulos tan centrados en lo narrativo con la preceptiva preguntita: “¿es esto un juego o una experiencia?”. A Bird Story, el lamentablemente malo Beyond: Dos Almas, Gone Home, Life Is Strange, Firewatch o To The Moon -todos analizados en esta Santa casa-, nos planteaban en mayor o menor medida esta duda. En el videojuego tradicional, nosotros como jugadores manejamos al personaje y lo guiamos más o menos a nuestro antojo; por contra, en la “experiencia narrativa”, es la historia la que se presenta ante nosotros colocándonos en una posición de meros espectadores. ¿Somos sujetos agentes o pacientes? En todo este tipo de juegos la línea divisoria es estrecha, la verdad.

De hecho es habitual que en muchos de estos títulos, sus creadores introduzcan mecánicas ciertamente forzadas para recordar al usuario que se encuentra ante un videojuego. Utilizar un QTE para batir huevos -como ocurre en Heavy Rain– es absolutamente ridículo, pero es obvio que existe cierta incomodidad por parte de las compañías a la hora de presentar experiencias tan poco interactivas. Nos piden perdón por no darnos un juego y ofrecernos algo más parecido a una película o serie. Cosas suyas.

No es el caso de este Virginia. El juego tiene muy claro qué quiere contar, y no se preocupa en absoluto por el jugador.¿Jugador?, mejor deberíamos hablar de espectador interactivo. No hay posibilidad de fallar ni de acertar, no hay reto, de alguna manera, no hay juego como tal. Nos limitamos a pulsar algún botón para hacer avanzar la historia, pero en ningún momento el titulo parece tener la más mínima intención de plantear ningún tipo de entretenimiento que vaya más allá del puro placer de seguir una historia. Un ejemplo especialmente ilustrativo de esta idea, son los trayectos entre escenarios. Habitualmente, en este tipo de juegos narrativos, estos momentos son utilizados como “relleno” para aumentar la duración de la historia con largos paseos. Sin embargo Virginia realiza una especie de montaje de estos trayectos, es decir, avanzamos diez segundos por un pasillo, otros diez segundos aparecemos en un coche y aparecemos en otro escenario. Ni una concesión al relleno. El propio desarrollo del juego es un canto a la elipsis narrativa.

Pero, empecemos por el principio. La historia nos sitúa a principios de los años 90, en los zapatos de la recién graduada agente del FBI Anne Tarvor. Aparentemente, nuestra primera misión se centra en investigar la desaparición de un joven en Kingdom, Virginia. No obstante, la trama pronto se complica cuando nuestro superior nos encarga investigar a nuestra compañera -la agente Maria Halperin- como un asunto de “asuntos internos” del FBI. Las dos tramas se van entrelazando y complicando conforme el juego avanza, salpicadas además por sueños, visiones y episodios oníricos que dotan al título de un ambiente cada vez más especial.

Y es que los chicos de Variable State, declaran desde el propio menú del juego -en una sección denominada “Carta de los creadores”- que “el desarrollo de Virginia ha sido una experiencia extraña y confusa. Esperamos que el resultado sea un juego extraño y confuso”,  y en gran medida lo consiguen. No parece demasiado osado imaginar a los autores del juego inspirándose en los universos de David Lynch para crear la ambientación de Virginia. No es de extrañar, el brillante director estadounidense ya declaró algo parecido al hablar de sus motivaciones creativas: “Eso es lo que verdad me importa de las películas a mí: ir a mundos cada vez más extraños”.

Los recursos que Virginia utiliza para narrarnos su historia tampoco son convencionales. Ni un sólo diálogo. La trama discurre navegando sobre la lograda expresividad de los personajes -apoyada en una excelente dirección artística-, reforzada en todo momento por la muy destacable banda sonora a cargo de Lyndon Holland. Es una apuesta valiente y desde luego no exenta de calidad, pero, a pesar de sus poco más de dos horas de duración, no consigue mantener en todo momento el ritmo.

Quizás su principal problema es que, a pesar de la originalidad del envoltorio y de su atractiva estética, la historia en sí no es gran cosa y aparece repleta de clichés. La sensación de que interesa más el cómo se cuenta que el qué se cuenta, es constante durante el desarrollo del juego. Y eso en sí no es malo, pero no termina de funcionar en este caso. Virginia es una propuesta original y distinta, y abre un camino que quizás otros estudios dotados de la misma valentía que Variable State puedan continuar.

bueno

Texto: Guilletek @guilletek
Fotografías y vídeos propiedad de sus respectivos autores.

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