NO MAN’S SKY Y BATTLEFIELD 1, DOS FORMAS DE ENTENDER EL VIDEOJUEGO

Estoy de vacaciones. Desde mi retiro en la nunca suficientemente ponderada y habitualmente denostada Costa Mediterránea, mi contacto con los videojuegos se reduce a un puñado de furtivas partidas a un par de juegos de móvil. No obstante, entre siesta y baño, chiringuito y tumbona, he tenido tiempo de reflexionar sobre los juegos a los que estuve dedicando algunas de mis tardes antes de venir a torturar mi piel bajo el sol.  Fueron dos títulos, muy distintos entre sí, el esperadísimo Battlefield 1 y el polémico No Man’s Sky.

No Man’s Sky, el ambicioso juego de ciencia ficción de la compañía británica Hello Games, basa su razón de ser en un sistema procedimental de generación de entornos que convierte cada planeta de su universo en una experiencia visual y jugable única. Anunciado en los VGX de 2013 y acompañado de toneladas de hype fruto de las promesas -en gran medida incumplidas- de su creador Sean Murray y de una tendenciosa campaña de publicidad de Sony, el juego se estrenó hace escasas semanas. A pesar de un arranque comercial fulgurante, No Man’s Sky ha recibido fuertes críticas de muchos jugadores enormemente decepcionados.

Por su parte, Battlefield 1, es la enésima entrega del shooter bélico de la desarrolladora sueca DICE y estará ambientado en la Primera Guerra Mundial. Desde que se mostraron las primeras imágenes, su apabullante apartado visual convirtió a Battlefield 1 en uno de los títulos más esperados por millones de aficionados a este tipo de juegos. Hace unos días una beta abierta de su modo multijugador ha permitido a muchos -entre los que me encuentro- probar su propuesta, si bien la versión completa no se estrenará hasta finales de octubre.

Ambos juegos son (o serán, en el caso de Battlefield 1) exitos de ventas, pero conseguido desde  premisas muy distintas. No Man’s Sky tiene un origen experimental, que sólo la intervención de un gigante como Sony ha conseguido convertir en un producto de masas; mientras, Battlefield 1 supone un “más y mejor” respecto a propuestas ya conocidas y que gozan del favor del público. No obstante, la sensación general es que la odisea galáctica de Hello Games ha resultado decepcionante, mientras que Battlefield ha reforzado su candidatura a ser uno de los juegos más potentes del año.

En resumen, si enfrentáramos las sensaciones provocadas por ambos juegos, es más que probable que la mayoría del mundo gamer inclinara la balanza a favor del juego de DICE. Pero independientemente de las razones que han provocado estas sensaciones, lo que me ha llevado a escribir este artículo es la constatación de una nueva victoria del inmovilismo frente a la innovación. Al margen de sus muchos errores y de la media docena de promesas incumplidas, no se le puede negar a No Man’s Sky su apuesta por el riesgo. Generar un universo entero -y visitable- a través de procedimientos algorítmicos es algo tan ambicioso como conceptualmente hermoso. Para los que nos hemos criado con Carl Sagan e Isaac Asimov es poco menos que un sueño hecho realidad. Los múltiples fallos del juego -que, todo sea dicho, técnicamente es vulgar- pueden llegar a empañar la experiencia jugable, no lo niego, pero no afectan sensiblemente a la vital.

En el otro extremo está Battlefield 1. Robusto en lo jugable, técnicamente incontestable, pero del perfil más bajo posible en cuanto a intencionalidad innovadora. Cuando se anunció que la ambientación del juego se centraría en la Primera Guerra Mundial, algunos pensamos que podría ser una oportunidad para matizar la jugabilidad de los fps, probablemente el género más inmovilista del mundo del videojuego. Las trincheras, la escasez de armas automáticas y lo rudimentario de las mismas, los asaltos bayoneta en ristre… No era descabellado pensar en la posibilidad de algo distinto. Otro ritmo, un mayor componente estratégico. Pero no fue así. El multijugador de Battlefield 1 vuelve a ser un correcalles armado, con armas con cargadores infinitos y cadencias de fuego impensables en las primeras décadas del siglo XX. Eso sí, el juego es técnicamente perfecto. Más de lo mismo, pero perfecto en cuanto a su realización.

No puedo dejar de pensar en Battlefield como el dueño de una gran empresa multinacional y a No Man’s Sky como un joven con una gran idea que comienza a desarrollarla en un garaje. El título de Hello Games intenta hacer avanzar la industria, el de DICE es la industria en sí. Battlefield 1 es mejor juego -punto por punto- que No Man’s Sky en cuanto a realización. No hay debate posible. Pero, en lo básico y dejando lo técnico al margen, ¿qué diferencia a Battlefield 1 del primer título de la saga, que ya cumple catorce años?, ¿queremos más de lo mismo?, ¿es suficiente mejorar la realización técnica para satisfacer nuestros deseos?

Es curioso como el entorno del videojuego resulta mucho más conservador de lo que debería derivarse de su carácter tecnológico. No es raro escuchar en la comunidad gamer frases del tipo “que se dejen de inventos, yo quiero mi juego de siempre”, “yo quiero eso pero con mejores gráficos” o “a mí dame el mando de siempre”. ¿Quién impide la innovación, las compañías o los jugadores? En los últimos diez años, sólo hemos recibido mundos más grandes y mejores gráficos, y las propuestas más arriesgadas han quedado relegadas al mundo indie o al denostado universo casual, que -sorprendentemente- recibe con mucha más naturalidad los cambios. El conservadurismo jugable impera, pero ¿queremos otra cosa?

No lo sé. Supongo que el hecho de que No Man’s Sky haya liderado las listas de ventas es un soplo de esperanza. Realmente la gente sí quería un juego así, distinto, aunque al final no hayan quedado satisfechos con el acabado del título. No lo sé. Quizás haber sacado al mercado un juego de la Primera Guerra Mundial que respetara mínimamente las características del conflicto en el que se ambienta, hubiera sido un fracaso comercial que habría hecho imposible dedicar tantos recursos a conseguir esa prodigiosa factura técnica. No lo sé… Lo que sí sé es que mientras reflexionaba sobre todo esto, a la sombra de un mojito, no podía evitar que el dedo corazón de mi mano derecha pulsara de forma refleja el gatillo de un mando imaginario… ¿sería para disparar un arma casi galáctica ambientada en 1914 o para hacer despegar mi nave en busca de nuevos mundos? Mientras lo pensáis, voy a recoger Plutonio o Tamio9, he visto algo en el cielo que quiero visitar.

Texto: Guilletek @guilletek
Fotografías y vídeos propiedad de sus respectivos autores.

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