EL RINCÓN DE LA BILIS: SOBRE LOGROS, TROFEOS y DEMÁS MAMONADAS

Un sistema de recompensas que premiara  la pericia del jugador y que, además, pudiera llegar a suponer un incentivo para aumentar la rejugabilidad de algunos títulos, fue implementado por primera vez en la pasada generación. En concreto fue Microsoft y su Xbox 360 la compañía que, en 2005 y con sus sistema de “logros“, implantó esta tendencia que -según parece- ha llegado para quedarse. Posteriormente, en 2008, Sony reprodujo el modelo de Microsoft con su sistema de “trofeos“. Steam y otras plataformas -excepto hasta el momento Nintendo, verso libre eterno-, fueron detrás.

Yo compré una Xbox 360 el 1 de noviembre de 2008 (qué bien viene guardar los tickets para dar estos datos tan precisos como inútiles) y, si bien me percaté de esos mensajes que aparecían en la esquina de la pantalla, nunca les concedí demasiada importancia. ¿Logro desbloqueado?, ah, pues bien.

Fue tras mi salto a la comunidad playstationiana con ps4,  el 27 de junio de 2014 (benditos tickets), cuando comencé a fijarme en este tema. “Trofeos” se llamaban aquí. Lo primero que observé es que eran de distintos colorines: bronce, plata y oro…, ah, no, había otro, “Platino“…, vaya, ese debía ser el gordo. Pero, bueno, no fui mucho más allá. Tampoco tenía muy claro porqué me los estaban dando, así que, bueno, ahí estaban. Realmente no fue hasta finales de aquel verano cuando, en un movimiento derivado de mi galopante crisis cuarentona y en busca de la juventud perdida, comencé a meterme en foros, grupos y comunidades “Gamer”.

Y fue allí donde comencé a leer sobre un personaje que me fascinó: “El Caza Trofeos“. Mi interés trascendió del mundo del videojuego para instalarse en el terreno de la más estricta antropología. Parecían jugadores normales, quizás un poquito más competitivos de lo que un ocio requeriría, pero nada preocupante…, por el momento…

Yo, mientras, comencé mi andanza con la cuarta consola de sobremesa de Sony jugando al excelente “The Last Of Us”. Mi curiosidad empezó a agudizarse cuando, tras acabar el juego, la barra de progreso en el sistema de trofeos sólo ascendió a un humillante 7%. ¡Joder, y eso acabando el juego! Intrigado, me decidí a entrar en el detalle de los trofeos conseguidos: Un par de plata y una decena de bronces… Vale, habré quedado segundo dos veces y tercero diez; me pregunto contra quién. Ya inquieto, seguí buceando y me topé con los rastros de mi fracaso: todos los trofeos no conseguidos, a saber, Busca la luz”, “Todo estaba ahí”, “Quiero hablar del tema”, “Ya está”… Aquello me venía grande…

Luego, empecé a leer sobre el tema y descubrí que había trofeos “comunes”, “raros”, “muy raros”, “ultra-raros”… Y que conseguir cada uno de ellos dependía del criterio de los diseñadores del juego: acabarlo en distintas dificultades, recoger coleccionables, matar enemigos usando sólo una mano,  descubrir el Santo Grial en un miércoles par… Todo muy funky, así, que volví a intersarme por la figura del “Caza Trofeos”, esta vez ya en serio. Lo primero que pude descubrir es que no todos eran iguales y dependían de sus actitudes y aptitudes. La siguiente categorización me resultó bastante plausible:

 

EL CAZADOR OCASIONAL: Este individuo no caza, se encuentra con las presas que, atemorizadas ante su estampa, se arrojan muertas a sus pies.

Juega y los trofeos saltan; hasta que un día un videojuego de Telltale cae en sus manos y recibe su primer Platino… Ni corto ni perezoso, publica su proeza en foros y redes sociales para regocizo y disfrute de los cazadores más pro, amantes confesos del escarnio público del casual gamer. Algunos Ocasionales sufren la picadura de la víbora de la competitividad cazador y pueden saltar al siguiente escalafón de la jerarquía trofeística.

EL TRILERO: El Trilero, realmente, es un Cazador Ocasional que ha experimentado la Gloria de la consecución de sus primeros Platinos.

No es especialmente habilidoso -o simplemente no está dispuesto a acometer las frecuentemente estúpidas tareas que el videojuego propone para considerarte merecedor del platino-, por lo que dedica sus esfuerzos a buscar “presas fáciles”. Suelen defender la calidad de obras maestras como “Hannah Montana, la película”, “EyePet” o “Ice Age 3” y es capaz de jugar el mismo juego en distintas plataformas, sin duda con la motivación de poder juzgar la obra en sus distintas representaciones.

EL ENGANCHAO PATÉTICO: Es un Trilero que quiere ascender en el escalafón y no duda en recurrir a cualquier artimaña para conseguir engrosar su lista de Platinos.

El “Share Play” de Playstation le parece el mejor invento de la historia desde las Guías: no tener que invitar a amigos más habilidosos para que le consigan trofeos y poder acceder a este recurso a través de internet, no es sólo mucho más cómodo, sino que además supone un importante ahorro en cervezas y panchitos. No nos engañemos, estamos, como en el caso del Trilero, ante un aunténtico “Wannabe”

EL TROPHY FUCKER: Nada se le pone por delante. Es el Cazador Alfa. Los juegos no son juegos: son retos, formas de realizarse y de trascender a la existencia, un objetivo al que dedicar tus esfuerzos, tu tiempo y ¡qué demonios!, tu vida. No se puede estar en este estadio jerárquico sin tener un mínimo de treinta platinos y que, al menos el 60% de ellos, se hayan conseguido con juegos calificados como de “alta dificultad”.

Los juegos sin trofeos simplemente no son considerados dignos, aunque no hacen ascos a las “obras maestra defendidas por los Trileros” ya antes mencionadas (Hannah Montana, la película”, “EyePet”, “Ice Age 3” etcétera). Al fin y al cabo un Trophy Fucker tiene que saciar su sed, y no siempre hay en el mercado juegos que estén a su altura.

Tras categorizar a estos jugadores, seguí jugando. sin más y pronto me encontré con mi primer platino… casual, claro está. En mi caso fue Telltale, y su The Walking Dead Seasson One, quien me permitió debutar en el mundo de los trofeos de nivel. No le otorgué mucha más importancia, la verdad.

Pero el poder oscuro que habita en los trofeos se posó en mi subconsciente y esperó agazapado entre mis neuronas hasta que, en agosto de 2015, llegó su oportunidad. Fue merced al juego de Supermassive Games “Until Dawn“, muy de  mi gusto y con importantes deudas estilísticas con las obras de Telltale. Quizás fue por estas similitudes por lo que me instinto de cazador se despertó (no olvidemos que Telltale me regaló mi primer platino). Conseguí una cuenta primaria offline (ya sabéis, jugar al juego desde una cuenta compartida desconectada de internet para huir de la Inquisición Candadoniana de Sony) y me enteré de que básicamente el platino se conseguía viendo los tres finales del juego: La partida normal, conseguir que todos los personajes sobrevivan y lo contrario, muerte masiva. El juego me gustó y lo disfruté mucho la primera vez. Vamos a por ese platino, ¡qué demonios!

Pero, como diría un auténtico Trophy Fucker, “los platinos son cosa seria”. Tras conseguir el segundo de los finales, me percaté de que había trofeos intermedios que no recordaba si había conseguido… No hay problema, iría a “Trofeos” en el menú de PS4  y lo comprobaría… ¡¡MIERDA, es una cuenta offline!!, ¡¡NO PUEDO VERLO!!, …tranquilidad…, no creo que pase nada por conectar medio segundo el cable. Lo compruebo rápido y lo quito… ¿En serio?, tres segundos…, tres…, tres PUTOS segundos… y ahí estaba… el famoso candado…, ¡¡ME CAGO EN SU PUTA MADRE!!…, una cerveza…, ¡¡PIENSA!!…, un vino…¡¡CLARO!!, ¡¡PODÍA ALQUILARLO!!

En una acción propia del menos respetable de los idiotas, gasté 3€ en alquilar un juego que ya me había pasado dos veces… Volví a jugarlo de forma mecánica, asqueado, aburrido, sin apenas mirar a la pantalla y repitiendo escenas que me sabía de memoria… Y conseguí el platino… Until Dawn es, desde entonces, uno de los juegos de los que peor recuerdo guardo. Hasta aquí mis historial como cazador: nunca más.

Los trofeos/logros  quizás puedan tener su sentido, pero a mí me parecen una soplapollez de importantes dimensiones. Dicen sus defensores que sirven de motivación para el jugador, pero muy mal tienen que estar definidos los objetivos de un juego o muy poco interesante tiene que ser su trama para que el dibujo de una copita sea más motivador que lo planteado por su creador.  Otros dicen que alargan la vida de algún título; lo que faltaba, si ya no son suficientemente vagas las compañías estos últimos años como para encima darles esta (estúpida) coartada.

Esto es lo que es: un maldito ejercicio de exhibicionismo gamer, una práctica de ego-onanismo con luces y taquígrafos… Al fin y al cabo, esto ya lo hacíamos en mi cada vez más lejana adolescencia. No había mandos ni tareas estúpidas por en medio, sólo un grupo de amigos, una regla y unos penes en desarrollo. Por lo menos, conocíamos gente.

Texto: Guilletek
Fotografías y vídeos propiedad de sus respectivos autores.

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